El Mahoh viajó al sur de Tenerife para enfrentarse al Ñandú, ambos equipos se presentaban al encuentro con el mismo balance de victorias y derrotas (2-1), sin embargo los de Fuerteventura traían en su carta de presentación la victoria en la jornada anterior a domicilio frente al líder y, durante los últimos años, el equipo de referencia en Canarias: el Club de Rugby Las Palmas.
Se vieron las caras dos equipos que practican un juego bien distinto. Los de Adeje un rugby dinámico, con una delantera de poco peso; los de Fuerteventura resolutivos en las fases estáticas del juego con seguramente la mejor delantera de la liga.
El XV majorero comenzó el partido muy bien, manteniendo la posesión los delanteros a base de trabajo, de empuje en la melé, de rucks ganados incluso por los ¾, de sobriedad en los mauls que se montaban tras las touches, que provocaron unos cuantos golpes de castigo, no siempre cobrados, y que nos habían dado unos cuantas decenas de metros en Las Palmas. En Adeje estos poderosos mauls de la primera parte no tuvieron continuidad con juego de delantera y a la línea no se le dio la cosa. Aunque la primera parte fue de claro dominio visitante, no pudo el Mahoh ir al descanso con más que un (0-3) fruto de un golpe convertido. Además se saldaba esta parte con la lesión de un jugador importante, el pilier Fabián Eguiluz.
La segunda parte no empezaba mal cuando el capitán del Mahoh ensayaba tras un pase del 8 que venía de robar una touche en su línea de 22. Se ponía el partido de cara, aunque el golpe no fuera transformado (0-8).
A partir de aquí el Mahoh ya no supo o no pudo jugar al rugby. La posesión pasó a ser netamente de los locales. El Mahoh cometía golpes de castigo sin cesar, asunto éste que es clave: el que juega sin cometer golpes tiene muchas papeletas para llevarse la victoria. Tropezó en esta piedra durante toda la segunda parte como si de un tic se tratase. Se sucumbió así al juego de un Ñandú que supo aprovechar los defectos del contrario, que se recolocaba después de los golpes tarde y mal, provocando nuevos golpes de castigo. Fue una auténtica tortura que el XV de la cabra supo resistir con orgullo y coraje hasta el minuto 60 de partido, cuando llegó el primer ensayo del Ñandú, seguido de otro más 15 minutos después. Los locales no convirtieron ninguno de los ensayos (10-8).
A punto de terminarse el partido casi se obra el milagro: un golpe pateado a palos habría puesto al Mahoh un punto por delante… pero no ocurrió.
Se volvió a Fuerteventura con una dolorosa derrota, de las que obligan a reflexionar para poder mejorar.



















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